Hay distinciones importantes. José Luis Martínez-Almeida (PP), alcalde de Madrid, se declara "devoto, que no de Vox", tan fresco como si no le hubiera costado madrugar para presentar una intervención pública del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Luis Argüello. Ocurre el martes, con ocasión de una conferencia convocada por la visita del Papa León XIV a Madrid, entre el 6 y el 9 de junio. Almeida la califica de "histórica" mientras interviene en un hotel de lujo que lo acoge en un salón de paredes doradas y alfombras mullidas. No es ese el único Madrid que verá León XIV. El Papa también pisará el Madrid degradado. Uno, a veces invisible, por minoritario, pero que vive igualmente roto por las drogas, el miedo y los robos. El de los conflictos vecinales. El de las cámaras de vigilancia con IA para intentar frenar los delitos. Porque el Papa visitará el centro de Cáritas en la calle Cullera, barrio de Lucero (Latina), lo que marca el tono de un viaje que provocará una movilización policial récord, según el delegado del Gobierno, Francisco Martín, acorde con los millones de fieles que se desplazarán tras los pasos del Pontífice.

"Que uno de sus primeros actos sea en la calle Cullera es una declaración de intenciones importantísima", destaca una fuente del Gobierno de España, que cuenta con la confianza del presidente Pedro Sánchez. "En esa calle y esa zona hay verdaderas urgencias sociales. Y ahora el Papa empieza su visita por ahí, precisamente", añade. Y opina: "Viene a defender políticas solidarias".

El trasiego de drogodependientes ha llegado a ser constante en esta calle de Madrid. Las operaciones policiales con decenas de detenidos de una tacada, también. Ahí, los narcopisos han ido carcomiendo el día a día hasta pudrir la convivencia de papelina en papelina. Un centro de Cáritas, "Cedia 24 horas", se encuentra en el epicentro de la colonia. Su origen se remonta a 1977, bajo la forma de una furgoneta que repartía café. De él entran y salen ahora personas sin hogar. Ese es el lugar que visitará el Papa, como una de las paradas de su visita a la capital, que es la gran ciudad más desigual de España, según un informe de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) de finales de 2025 sobre Renta personal de los municipios españoles y su distribución basado en el índice de Gini, que mide la desigualdad en la distribución de la renta personal.

Así, el viaje de León XIV tiene la caridad en su corazón. El centro de Cáritas atendió en 2025 a 2.534 personas faltas de un techo. Tiene 47 plazas para dormir para hombres y 70 plazas de día. Ofrece cena y desayuno, además de lavandería, duchas, comedor y consigna, también acogida y acompañamiento. Los trabajadores del centro, al que ya acudió días atrás una delegación del Vaticano para preparar la visita del Papa, se remiten a Cáritas, y no hacen declaraciones. Esto dijo el obispo auxiliar Vicente Martín, según recoge la web de la Archidiócesis: "La visita del Papa a España y a la Iglesia de Madrid comienza con un acercamiento a los más pobres, a la realidad de la exclusión. Nada más entrar en el barrio se ve que son zonas de periferia, no solo geográfica; de mucha vulnerabilidad".

Poner coto a los problemas de la calle Cullera ha sido motivo de tensiones recurrentes entre la Delegación del Gobierno de España, que encabeza Francisco Martín (PSOE), el Ayuntamiento capitalino de Martínez-Almeida (PP) y la Comunidad de Madrid, que lidera Isabel Díaz Ayuso (PP). Sin embargo, las tres administraciones colaboran ahora para organizar la visita del Papa, un desafío de proporciones bíblicas: se espera que la misa prevista en Cibeles convoque a más de un millón de fieles, que la vigilia atraiga a 500.000 y que todo eso obligue a un despliegue policial nunca visto, y a un esfuerzo sin parangón por parte del transporte público. Como dijo el delegado del gobierno, Francisco Martín: "Es un desafío importante en materia de logística para Madrid".

La magnitud del reto organizativo que supone el conjunto de la visita deja su pesada huella en las declaraciones de los políticos y los contratos de las distintas administraciones. Así, entre el 6 y el 7 de junio, la red de Cercanías añadirá dos millones de plazas adicionales, lo que significa unos 2.000 trenes de refuerzo ese fin de semana. A ello se sumarán 7.000 plazas adicionales en los servicios de media distancia y un programa de descuentos en larga distancia y alta velocidad para facilitar los desplazamientos de todas las personas que quieran acudir a la capital. Metro y EMT también ampliarán su oferta, aunque habrá cierre de estaciones. Y se organizarán aparcamientos disuasorios.

Banderines y vallas

"Va a ser la mayor movilización policial que se ha producido nunca en nuestro país", aseguró Martín durante una rueda de prensa a mediados de mayo. Un dispositivo debido al "contexto internacional, la propia figura del Papa y la movilización que va a acarrear", según transmite una fuente conocedora de su organización. "Por el momento y creo que por su actitud, no estamos detectando movimientos significativos contrarios a la visita en Madrid", añade.

Las autoridades también propiciarán una celebración. Como la EMT tiene vallas para acotar 13 kilómetros de recorridos, ha preparado un contrato para alquilar miles más por si tiene que extender su red en casi una decena más. El Ayuntamiento ha licitado un contrato de decenas de miles de euros en banderines de España y del Vaticano. Y Telemadrid, cientos de miles en la retransmisión de cada detalle de un verdadero acontecimiento.

Así la resumió Martínez-Almeida mientras el Papa se prepara para ver el Madrid de los olvidados: "Es una visita histórica. Nos sentimos profundamente orgullosos en España, tierra de María, de poder recibir al Santo Padre y de darle el acogimiento que merece, y de hacerlo además desde una ciudad, Madrid, que no desconoce ni ignora sus raíces, que no desconoce ni ignora su pasado, ni su tradición, y que por tanto se asienta sobre sus raíces cristianas, y del humanismo cristiano, como mejor forma de encarar su futuro, sin exclusiones, pero como afirmación de nuestra identidad".

Fuente: EL PAÍS