Barcelona tiene unas 300 librerías. Algunas forman parte de grandes cadenas que crecen, como La Central, que ya cuenta con tres locales bajo el manto del gigante editorial italiano Feltrinelli, cuya actividad está en fase de crecimiento en la ciudad. Es sin duda una buena noticia para una de las capitales del libro, que hace unos días recibió el anuncio del Ayuntamiento de poner en marcha un plan de apoyo a las librerías.
Existen otras iniciativas mucho más modestas que, sin embargo, ejercen una importante función que va más allá del sector editorial. La humilde librería Nocturama abrió sus puertas en 2022 en el corazón del Raval de la mano de Marina Rodríguez, que había adquirido experiencia en grandes establecimientos como la Casa del Llibre, Finestres y Ona y que decidió que era hora de ir por libre. Como le va la marcha, lo hizo en la calle Peu de la Creu. Su llegada fue recibida con esperanza por el grupo de comerciantes que han obrado un pequeño milagro en esta zona de Ciutat Vella, donde han conseguido dar vida a un conjunto de negocios relacionados con la artesanía en el que conviden tiendas de moda, especialistas en cerámica, vidrieras y lámparas con objetos reciclados.
La apertura de la librería era una especie de prueba del nueve para estos inquilinos de Peu de la Creu, que se han organizado incluso para negociar con los propietarios que alquilen sus locales a negocios que mantengan coherencia con los existentes y huir del ecosistema comercial que abunda en el distrito, como el tratamiento de uñas y carcasas de móviles. Marina jugó la carta de las actividades. Organizó narraciones de cuentos para niños, clubes de lectura y hasta acogió una obra de teatro deslocalizado entre los estantes y mostradores de novedades. Fue una adaptación del libro del chileno Pedro Lemebel De perlas y cicatrices . Incluso se atrevió a cortar la calle para una jornada en la que quien quisiera podía subir al escenario a leer un poema. A cambio, se le regalaba un chorizo. ¿Por qué? ¿Por qué no?
Finalmente, la realidad se impuso. La baja facturación y el descenso en la venta global de libros experimentado en el último año forzaron a cerrar la librería de Peu de la Creu y mudarse a Gràcia, a la plaza de la Revolució. El nuevo local abrió la pasada semana, en vísperas de la gran prueba de fuego de Sant Jordi. Marina confiesa que le costó mucho tomar la decisión de dejar el Raval, consciente de la labor social que Nocturama desempeñaba en el barrio, que, lamentablemente, no se refleja en la cuenta de resultados.
Dijo Cervantes que en algún lugar de un libro hay una frase esperando para dar sentido a la existencia. Puede estar entre los estantes de Nocturama o de cualquier otra librería. Y es que, grandes y pequeñas y en palabras de Eric del Arco, presidente del gremio y director de la librería de culto Documenta, no son solo comercio, sino infraestructura cultural de la ciudad.
Fuente: LaVanguardia