Natural de O Porriño, Pontevedra. Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Comenzó su aventura en As en 2017 en el departamento de redes sociales. Tanto te habla del salseo del momento como de fútbol sala.

Sonia Lucena, licenciada en psicología y titulada en nutrición y dietética, además de técnico especialista en nutrición deportiva, lo tiene claro: el café nunca puede ser el sustituto de una comida, más bien un complemento. De hecho, bien usado, puede ser un gran aliado ya que mejora la concentración, el rendimiento e incluso el estado de ánimo. "Se ha normalizado mucho sustituir el desayuno por un café, lo veo a diario en mis pacientes que me cuentan que 'tiran' con un café solo, café con leche o incluso doble", comienza contando en declaraciones para AS.

La psiconutricionista explica que el café enmascara el hambre ya que la cafeína estimula el sistema nervioso, aumentando el estado de alerta y reduciendo momentáneamente la sensación de apetito. "Te sientes activado, despierto y crees que no necesitas comer, pero es un espejismo. Tu cuerpo sí necesita energía y, si no se la das, la factura llega más tarde", continúa diciendo.

"El café funciona rápido. En cuestión de minutos, la cafeína entra en sangre y bloquea la adenosina, una sustancia que provoca sensación de cansancio. Resultado: te espabilas. Pero ese efecto tiene un pico... y una bajada", señala también en AS. Lucena afirma que tras ese 'subidón' aparecen el cansancio, la falta de concentración, la irritabilidad e incluso un hambre voraz.

Sonia Lucena pone otra problemática sobre la mesa, el contexto. "Muchas veces se toma café en ayunas, con prisas, revisando el móvil o pensando ya en el trabajo. Es decir, en modo estrés desde primera hora. El café, en ese entorno, potencia la activación del sistema nervioso", asegura la experta.

"Si además encadenas varios cafés al día, el resultado no es más energía, sino una montaña rusa: picos de activación seguidos de bajones cada vez más marcados. El problema es que no sustituye nutrientes. No aporta proteínas, ni grasas, ni hidratos. No construye, no repara, no alimenta. Solo estimula (...) El café no es una droga dura, pero la cafeína sí genera tolerancia. Es decir, cada vez necesitas más para notar el mismo efecto. Y eso explica por qué ese café que antes te despertaba ahora se queda corto", añade.

Ante esta cuestión, la respuesta de Sonia Lucena es muy tajante: "No, siempre que sepas usarlo". "Tomar café después de desayunar, en cantidades moderadas (2-3 al día), no solo es seguro, sino que puede tener beneficios. El error es convertirlo en un parche para tapar malos hábitos. Si tu mañana empieza solo con cafeína, lo más probable es que el resto del día vaya en la misma línea: energía artificial, bajones y más café para compensar".

Lo ideal siempre será desayunar algo sólido. "No hace falta un banquete, basta con incluir algo de proteína como huevos o yogur, algo de grasa saludable como frutos secos o aceite de oliva virgen extra y, si quieres, algo de hidratos como pan o fruta. Eso sí es energía real. Eso sí estabiliza el rendimiento y, luego, si quieres café, perfecto", concluye.

Fuente:as