'Torrente presidente' consigue lo imposible: la película rompe este récord de diez años en el cine español
La polémica alrededor de Torrente presidente sigue creciendo a medida que la película de Santiago Segura continúa agigantando sus impresionantes cifras. Al éxito comercial y al debate sobre si el personaje es una sátira o simple caricatura, se suma ahora un nuevo episodio que, como no, ha encendido las redes... y lo que queda. El foco de la nueva polémica cabe localizarlo en un artículo escrito por el profesor e historiador Lucio Martínez Pereda ha publicado en Nueva Revolución.
Martínez Pereda, conocido por sus análisis políticos y culturales, publicó una crítica contundente en la que cuestiona el discurso con el que Segura presenta la película. Según el historiador, Torrente presidente no cumple lo que promete y termina jugando en contra de su supuesto objetivo. "La película confunde sátira con parodia, ironía con broma, y acaba reforzando justo aquello que dice poner en entredicho", sostiene en su análisis.
El profesor defiende que Segura "vende la película como una sátira política sobre la España actual, como si fuera a desnudar el país con un bisturí de humor corrosivo", pero que el resultado final es muy distinto, remarca en su texto Martínez Pereda. En su análisis, la película se aleja de la sátira y se acerca más a una fórmula repetida, basada en el costumbrismo televisivo y en la estructura de sketches. "Un encadenado mal articulado de chistes coyunturales y facilones y que son una imitación de un modelo de humor ya desgastado".
El historiador y profesor tampoco duda en cargar contra uno de los elementos más promocionados del filme: los cameos. Para él, no son un añadido creativo, sino una estrategia para sostener la película mediáticamente. "El recurso de los cameos es un truco cebo para ocultar la bajada de calidad de la película", afirma, señalando que tan solo sirven a un propósito, y es que esta adquiera mayor presencia en las redes. "Es el truco empleado cuando este humor de fondo de armario repetitivo se intuye que va a ser rechazado por el espectador no imbecilizado", remataba con dureza.
Las palabras no tardaron en recibir respuesta del propio Santiago Segura, que optó por replicar públicamente y centrar el debate en el desprecio implícito hacia quienes han ido al cine. "Lucio, me parece feo que insultes a dos millones de personas que han disfrutado de la película...", escribió el director, visiblemente molesto.
Segura incluso sugirió una alternativa al tono del profesor: "Te sugiero otro titular más amable hacia tus conciudadanos y que no te deje en evidencia... 'Santiago Segura: un idiota que hace un humor oxidado que no es para mí'. ¿Ves? Así descargas tu bilis contra mí directamente sin quedar como un intolerante".
El cruce de declaraciones ha alimentado el debate habitual sobre Torrente: si el personaje es una sátira que denuncia la España más rancia o, como apuntan sus críticos, un producto que termina normalizando lo que pretende ridiculizar. En este nuevo beef, la discusión ya no es solo cinematográfica, sino cultural: quién marca los límites del humor y quién tiene derecho a decidir qué público entiende o no entiende una comedia.
Fuente: 20 minutos