Rocío Molina (Torre del Mar, Málaga, 1984), pasa desapercibida, si quiere. Menuda, con el pelo sobre su cara, y vestida 'normal', como cuando se pide la descripción de alguien, su forma de estar no desvela lo que es esta mujer que atesora el Premio ... Nacional de Danza, el León de Plata de la Danza de la Bienal de Venecia, la Medalla de Oro de las Bellas Artes y un suma y sigue muy largo.
La bailaora llega al Teatro Central con su última creación, 'Calentamiento', obra ya famosa porque nada menos que el director Pedro Almodóvar se posó de rodillas al final de su estreno en la sala Matadero de Madrid el pasado noviembre. Pero en Sevilla, Rocío Molina ha querido dar otra vuelta de tuerca y hace tres funciones seguidas, viernes y sábado, a las 20,30 y el domingo 12 de abril, una matinée a las 12 horas.
En 45 minutos se vendió el aforo del Central, y no sólo éste, sino también se agotaron las localidades del encuentro que esta misma tarde del jueves ha mantenido con el público en un 'tête-à-tête' sin red.
Dice la creadora que "'Calentamiento es una combustión lenta. Es sudor, respiración, fiesta, ausencia, amor y, sobre todo alivio, el alivio de reconocer que el cansancio puede ser un estado de placer, porque yo me alivio bailando", reconoce.
Asegura que se terminó poniendo la palabra 'Calentamiento' porque era lo que estaba ocurriendo de forma literal en el estudio desde que comenzaba a ponerse los zapatos. "Es como un eterno calentamiento", dice.
La obra comenzó en la intimidad del estudio junto al dramaturgo Pablo Mesiez. "Se trataba sobre el alivio, y la forma de aliviarme a través de mi arte. La idea de alivio nos seducía muchísimo y también la solicitud, como algo desgarrador e íntimo".
De esta forma sucede el primer año de creación junto a Mesiez, y asegura que en este trabajo intentaba alterar la forma de entrar al estudio "y entender lo que se entiende como alivio, que es algo no tan exigente, pero intentaba entrar al estudio de forma más relajada buscando el placer. Y así estuve un tiempo, hasta que sentí que mi cuerpo lo recibía mal, era como una pesadez entrar en esa forma de aliviar el cuerpo, la respiración, el movimiento".
Quiso construir la coreografía desde ejercicios que le dieran placer, aunque no era la coreografía lo importante -confiesa- pero sí lo que le sucedía a su cuerpo. Pero su musculatura se puso pesada, poco ágil. "Me dije a mí misma, voy a entrar al estudio de otra forma, como siempre he hecho, en vertical, poniéndome mi ropa de ensayo para sudar y hacer mi tabla de pies, que es lo que llevo haciendo desde que tengo siete años".
En un largo proceso de construcción de esta nueva obra, Rocío Molina cree que su creación también está muy ligada con el dolor. "Cuando paso estas barreras mi cuerpo se va recargando de energía, y para mí es ahí donde está el alivio, pero tras la disciplina y el dolor. Es decir, he tenido que volver a mi tabla de pies, para luego volver a hacer mis patás por seguiriyas, por soleá... ahí estaba mi conexión, el calentamiento". A lo largo de la creación abandonó la poética y la filosofía de vida. "Y me dije, ponte los zapatos que esto te va a producir muchísimas cosas que van a pasar. Es tan básico como eso".
Rocío Molina asegura que al pensar trabajar con texto tenía que ser junto a Pablo Mesiez. "Lo que menos importa es el texto, sino desde dónde parte y lo que está sucediendo en el presente. Tenía claro que él sería mi gran compañero, porque todos los textos que han salido lo han hecho a través del movimiento, de ejercicios de improvisación que Pablo me ponía. Yo iba hablando y él anotaba y luego probábamos. Pero eso sí, hasta que yo no activaba el cuerpo no era capaz de hablar, ni siquiera de memorizar. Tenía que ser mi cuerpo el que me indicara lo que tenía que decir".
El proceso de 'Calentamiento' ha estado lleno de soledad, la elegida por los creadores que pasan muchas en horas en el estudio trabajando en solitario. "Lo que hemos intentado todo el tiempo es que la performance y el cuerpo gane a la palabra, alejarme incluso de la bailaora, porque es una obra donde yo tengo la sensación de que no hago nada de lo que sé hacer, aunque parte de lo que hago de toda la vida", confiesa.
Ha cuidado mucho la elección del elenco, cantaoras, músicos... "Ellas también se alejan de sí mismas, ocurren muchas cosas en el espectáculo, explicarlo es difícil, pero tienes que desapegarte mucho. No importa ni la coreografía ni el cante, las chicas improvisan, porque lo que importa es la energía que provoca ese cante. Las dos horas de obra dependen de cómo yo haya calentado, y una vez se activa eso, hay una detonación que va por encima del arte y del flamenco. Es una cuestión de energía que invade el espacio", resalta la malagueña.
Asegura que la obra va cambiando porque las improvisaciones van surgiendo a medida que se construyen. "La diferencia de esta obra es estar involucrada con el público, no hay telón, y tengo que estar muy atenta de lo que sucede a mi alrededor. Aunque la obra depende de cosas técnicas y no puedo cambiar el patrón, pero cualquier cosa que sucede me hace bien. Es un tipo de libertad porque cuando hay esa bajada de brazos y ese abandono el alivio es muy placentero".
Rocío Molina dice que el tiempo es el que va dando nuevos escalones "ya sea para arriba o para abajo". La artista dice que persigue la liberación. "La última pieza de la 'Trilogía' era la liberación en ese momento, luego tuve que trabajar 'Carnación' para el conseguir el deseo a través de mi cuerpo, para acabar en esta liberación de 'Calentamiento' que casi te asfixia pero te desapegas de todo".
Afirma que el flamenco está dentro de ella. "Lo está siempre y siempre va a estar y siempre está ese amor por cuidar mi flamenco y mi manera de cuidarlo es así, incluso alejándome aparentemente, pero realmente es un ejercicio de aceptación. Mi flamenco trae esto, y a veces me pego más a él, y a veces me gusta divertirme casi haciendo una propia caricatura de mi misma, es algo qu me divierte porque creo que el flamenco siempre ha tenido lo cómico, lo voluptuoso, la parte más irónica, es un gran potencial. Porque en el flamenco no sólo son penas y amarguras, que también, es sobrio y serio, pero hay otras cosas. Del flamenco que yo entiendo me gusta coger todo eso y desparramarme".
Es consciente de que poniéndose al límite, sus "prácticas naturales, que me gustan y ponen nerviosa y me ponen al borde", también lo hace con el público. "Porque si lo pienso es así, vas a llevar al extremo a quien te vea. Pero quien esté dispuesto a verte. Cada persona viene y ve lo que quiere o puede, no tiene porqué leer toda la obra, porque tiene capas profundas y dolorosas que sólo sé yo. Hay gente que se ha tenido que ir, pero hay gente que entra por la puerta casi bailando porque le han dicho que es un espectáculo que termina con subidón. Cada uno lo recibe a su manera".
¿Y lo siguiente?, pues aún no lo sabe. "No suelo pensar, no soy persona de ponerme en expectativas. Sé que cuando estoy en un lugar me voy al otro extremo, pero también dejo a veces de conocerme y no sé qué vendrá al siguiente. Ahora me apetece disfrutar de esto y cuidarlo. Me gusta reducir la velocidad de vida y creación, y no quiero entrar en esas dinámicas creativas, busco la pausa y paradas creativas que son más enriquecedoras que estar en la continua demanda".
Y recuerda la dureza de sus inicios. "Con 7 años yo negociaba con señores de 56. Llamaban a mi madre para que la niña bailara. El flamenco a veces es difícil y duro y a veces abusivo. Recuerdo bailar a los siete años a las seis de la mañana en el Festival de Ronda por un bocadillo de jamón serrano, y para mí eso era super normal. Pero ahora yo soy flamenca y elijo a un equipo que puede hacer una letra por bulería y soleá, pero también hace otras cosas y se compromete contigo y con tu arte. Eso ha sido algo hermoso que me ha dado 'Calentamiento'", confiesa.
Fuente:ABC TU DIARIO EN ESPAÑOL