España ya está en modo Mundial. Ante Egipto, en la casa del Espanyol, Luis de la Fuente tomó las últimas notas en directo antes de dar los dos cortes: el de 55 el 11 de mayo y el de los 26 finales el 1 de junio. Pero más allá de lo que dejó el partido y de lo que pueda suponer para el Mundial, el encuentro dejó lo que se esperaba: un ambiente extraordinario, eléctrico, vibrante.
Visto lo visto hace cuatro años y ahora, el estadio del Espanyol merece más que amistosos. Si se da ese ambiente ante rivales como Albania y Egipto, ¿qué puede pasar en un partido de competición oficial? Eso solo ha ocurrido dos veces. La primera, camino del Mundial de 1970: 2-1 a Yugoslavia en el Camp Nou; la segunda, en la clasificación para la Euro de 1976: 2-0 a Dinamarca.
Barcelona se ha ganado volver a recibir a España en un partido oficial. El 15 de noviembre se juega un España-Inglaterra en la última jornada de la Nations League. Puede ser decisivo. Si la selección necesita y quiere un campo entregado, ya sabe a dónde acudir. Pero hubo quien se encargó de cargar las mochila de cosas negativas.
Avisó el seleccionador de sus intenciones de dar aire al equipo, de refrescar el once. Y de que eso no implicaba un once entero nuevo. Las dos premisas de su mensaje se cumplieron. La primera de manera rotunda, porque entraron diez jugadores nuevos respecto al equipo que arrancó en el 3-0 a Serbia; la segunda, por los pelos. Porque solo Lamine Yamal se mantuvo en el plan inicial ante Egipto.
El poder de convocatoria del 19 de la selección tiene mucho que ver. Cada balón que toca explica qué es Lamine para España. Por la reacción de la grada, por la acumulación de defensas para frenarlo...
Como no todo podía ser perfecto, y también como se esperaba, hubo pitos a Joan García. Al principio y al debutar a la hora de partido. Y algunos a De la Fuente. Facturas de los clubes en un país al que le cuesta dejar a un lado las camisetas cuando es la selección la que aparece en escena. Estuvo feo, pero mucho menos que la pitada sin sentido ni educación al himno de Egipto. A eso se sumó después un "musulmán el que no bote" que habla muy mal de quien jalea semejante proclama. Más allá de que sea la religión de uno de los jugadores de España, Lamine Yamal, es lamentable. Desde los videomarcadores se recordó que la ley castiga las ofensas xenófobas, homófobas y racistas. Eso también fue pitado. Cuando quienes encabezaron el bochorno quisieron cebarse con Joan García, entonces sí que la reacción fue la que también debió ser con la cantidad de barbaridades que se oyeron.
Fue el debut número 30 con la selección desde que en marzo de 2023 se puso Luis de la Fuente a los mandos de la absoluta. El de Ander Barrenetxea fue un estreno para cerrar el círculo que la llevado al extremo donostiarra desde la sub 16 a la absoluta escalón a escalón.
Poco fútbol se vio en la primera parte. El entusiasmo inicial se fue apagando. Pocas cosas ofreció España, más allá de unos cuantos pases de Lamine Yamal a la espalda de la zaga egipcia que sus compañeros no acabaron de entender. La mejor ocasión cayó del lago egipcio cuando Marmoush enganchó un gran remate se estrelló en el palo derecha de jun David Raya superado.
Viendo que el plan de la gran rotación estaba bloqueado y España en nada se parecía lo que es, De la Fuente tomo medidas en el descanso. Y radicales. Rodri, Pedri, Fermín y Víctor Muñoz aparecieron en el campo en busca una victoria en la defensa del número uno del ranking de la FIFA. La pinta del partido cambió y al fin aparecieron las ocasiones españolas. Hizo España méritos de sobra para ganar en la segunda parte, incluido un disparo de Grimaldo al larguero. Pero el 0-0 se quedó ahí.
Hay jugadores que sin estar, están. Es lo que pasa en esta España con Mikel Oyarzabal. El día que podía igualar los seis partidos consecutivos de Villa marcando se quedó todo el partido en el banquillo. De ego y récords sabe poco. Pero su ausencia hizo más grande la sensación de que hoy es el jugador más importante de la selección.
Fuente:MARCA