Natural de O Porriño, Pontevedra. Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Comenzó su aventura en As en 2017 en el departamento de redes sociales. Tanto te habla del salseo del momento como de fútbol sala.

La salud mental infantil se sitúa como una de las grandes prioridades sociales. En este contexto, Micropolix, la ciudad infantil situada en Madrid, pone en valor el papel del juego social como un elemento clave en el desarrollo del cerebro emocional y como factor protector frente a problemas como la ansiedad, el estrés o el aislamiento social. A través de experiencias de juego activo, simbólico y en grupo, los niños no solo se divierten, sino que desarrollan habilidades esenciales para su bienestar emocional.

Tal y como explica Patricia Pérez, psicóloga sanitaria especializada en trauma y apego y psicoterapia sistémica, "el juego, tanto libre como estructurado, permite la expresión emocional, la creatividad y la interacción con otros, actuando como un espacio seguro que contribuye a prevenir dificultades emocionales".

Desde una perspectiva neurobiológica, el movimiento también juega un papel fundamental. "El juego activo mejora la coordinación, la fuerza y la resistencia, además de favorecer el desarrollo global del sistema nervioso. A su vez, la actividad física ayuda a regularlo, permitiendo descargar tensión y reducir los niveles de estrés en la infancia", señala Pérez.

La especialista subraya también la importancia de la interacción social presencial: "Las experiencias cara a cara permiten el desarrollo completo del cerebro social, incluyendo la lectura de emociones, el tono afectivo y la regulación compartida, algo que la interacción digital no puede sustituir".

Lejos de ser solo una forma de ocio, el juego social es una herramienta esencial para el desarrollo emocional. En espacios como Micropolix, los niños interactúan, negocian, cooperan y resuelven conflictos en un entorno seguro, lo que les permite entrenar habilidades sociales fundamentales.

"El juego grupal favorece el desarrollo de la empatía, la cooperación y la comunicación, además de ayudar a regular impulsos y construir relaciones equilibradas", explica Patricia Pérez. Además, añade: "Los conflictos que surgen en el juego, cuando están bien acompañados, permiten a los niños aprender a gestionar el malestar, negociar y reparar vínculos, algo clave en su desarrollo socioemocional".

Fuente:as