Medina de Rioseco (Valladolid) es ciudad, por Real Decreto de Felipe IV, desde 1632. Pero, ya desde un siglo antes, con la fundación de la Cofradía de la Vera Cruz, todo en ella bulle al compás que marca la Semana Santa. Habrían de pasar los ... siglos hasta conseguir la declaración de Interés Turístico Internacional y, entre medias, cientos de años en que las familias hacen cofrades a sus hijos al tiempo que los inscriben en el Registro Civil, les compran la tela para el hábito y solicitan en una, o varias, de las diecisiete hermandades, la medalla correspondiente.

La ciudad que, pese a la condición de 'Sequillo' del río que la bordea, es consignada como la de los Almirantes de Castilla, no es ajena a la Pasión en ningún momento del año y el lenguaje propio de cofrades, hermanos y capillitas impregna las conversaciones diarias y los ambientes familiares, laborales y de ocio. Palabras como cadena, careta, horquilla, oído, palote, pardal, tapetán... son aprendidas por los riosecanos desde pequeños y se cuelan en todo momento para sorpresa de los muchos visitantes que, cada puente de Semana Santa inundan, unas calles con balcones y viejos comercios que siempre, siempre, se quedan pequeñas.

Hay procesiones, claro está, los domingos de Ramos y Resurrección; el Martes Santo, en 2010, se incorporó el más joven de sus desfiles, el del Cristo de la Clemencia; pero son, sin dudas, las jornadas centrales de Jueves y Viernes Santo las que anhelan los riosecanos que aquí habitan y los de la diáspora. Del corro de Santa María (en Rioseco las plazas se llaman corros) salen sus dos emblemáticas procesiones: la del Mandato y la Pasión, el primero de los días; la de la Soledad, el segundo.

Las tallas van saliendo, con solemnidad, al sonido de marchas que en la tierra también constituyen una autentica devoción. Pero el momento más esperado es, sin duda, la salida de los llamados 'pasos grandes': La Crucifixión, conocido popularmente como El Longinos, y El Descendimiento, aquí tratado como La Escalera.

Un murmullo, un siseo recorre las cuatro esquinas y el centro del corro de Santa María mientras los cofrades, remangados, a cara descubierta para facilitar la respiración, sacan a pulso, no a varal, no a costal, a pulso, los más significados grupos escultóricos, maniobra de precisión que evita el roce de las tallas con el arco que atraviesan y que acaba, indefectiblemente, con un pueblo fiel que prorrumpe aplausos.

En algún momento de la tarde-noche, sonará 'La Lágrima', la marcha fúnebre por la muerte del general O'Donnell, ya el himno oficial de la Semana santa de Medina de Rioseco.

Y, a partir de aquí, en una Rioseco que nunca se separa de sus devociones, las procesiones ponen rumbo a la calle Lázaro Alonso, que todos conocen como La Rúa, la auténtica calle Mayor de Rioseco, con sus soportales, sus bares abarrotados de clientes pero ahítos de respeto, en los que la Pasión se interioriza y se monitoriza. Algunos viandantes no transitan, corren, para coger sitio junto al Museo de Semana Santa, donde se bailarán los pasos y, a las órdenes del cadena, las horquillas marcarán el trazado urbano de una ciudad que se asoma a Tierra de Campos.

Aún queda otra carrera, esta vez hasta el Arco de Ajújar, donde las imágenes saludan con la Rodillada a la Virgen de la Cruz que, desde tiempo inmemorial, vigila la entrada y salida de la localidad.

Ya es Sábado de Gloria, pasó el día de ayuno y abstinencia. Los cofrades, el resto de riosecanos, si es que queda alguno que no sea miembro de una hermandad, y los muchos, muchos visitantes, pueden reponer fuerzas. Quizá no hayan comido nada desde el refresco al que invita por tradición el mayordomo de cada cofradía.

Queda aún mucha Semana Santa. Y mucho arte. Muchas iglesias, entre ellas las llamadas cuatro catedrales y, destacando en el entramado callejero, Santa María, con su capilla de los Benavente, aceptada por derecho propio como la Capilla Sixtina de España, parada obligada en cualquier fin de semana del año. Como lo es visitar el Museo de Semana Santa, refugiarse en los soportales y asustarse a la vista del Cocodrilo. Pero esta, la del Cocodrilo, es otra historia.

Fuente:ABC TU DIARIO EN ESPAÑOL