Marian Peyró (Ávila, 1971), está haciendo las primeras promociones de su vida con la novela 'Los incendios', su debut editorial (Alianza). Aunque en casa el escritor es su hermano Ignacio, esta licenciada en Derecho y Empresariales siempre había sentido el impulso de coger la pluma, ... pero postergó el sueño: el trabajo, la maternidad... Hasta que una casualidad ha propiciado que vea la luz esta historia ambientada en los años 80 en su pueblo materno y que trata sobre el paso de la adolescencia a la adultez y la herencia familiar, pero también de deseos prohibidos, de los fuegos de los que es difícil escapar.

-El título de esta novela es polisémico. Hay muchos tipos de incendios...

-Sí, la verdad es que al principio tenía otro título muy horrible, pero luego me di cuenta de que en realidad estaba hablando de personajes que tenían unos incendios íntimos muy fuertes y luego que estaban ambientados en un sitio en el que el fuego también me podía dar muchísimo juego para crear esa atmósfera que necesitaba para la textura de la novela. Lo he elegido yo desde hace mucho tiempo y creo que no se me dan mal los títulos.

-¿Y cuál era el primero?

-Era una cosa horrorosa, algo así como 'la capacidad de amar'. porque en realidad es un poco sobre el tema de la novela, aquel título remitía un poco a la pregunta del final de la novela. Si uno puede ser uno mismo, a pesar de todas las herencias, sobre todo cuando te encuentras con ellas en un momento tan delicado como la adolescencia.

-Ha conseguido recrear ese ambiente asfixiante de verano que es a su vez el que oprime a los personajes.

-Yo había trabajado bastante el cuento y me daba cuenta de que la atmósfera es una de las cosas que te sirven para no ser tan descriptivo y poder seguir jugando un poco con la elipsis, que es lo más típico del cuento. Si haces al lector sentir todas esas cosas, a lo mejor no hace falta explicar tanto.

-En su biografía se hace referencia a que se dedicó a la escritura cuando, tras carrera y media, se dio cuenta de que podía hacer algo que le gustara y no sólo lo que debía de hacer.

-Bueno, aquí voy a hacer una puntualización, porque mi padre me ha regañado muchísimo porque dice que no es una carrera y media, que me vendo muy mal. Claro, porque yo hice 6 años de carrera, pero entonces no existían los dobles grados. Estudié Derecho y Empresariales. Entonces decíamos que era carrera y media, ahora sería un doble grado por lo menos. Y bueno, sí, me he dedicado siempre a la empresa familiar relacionada con lo que había estudiado. Un día me picó el gusanillo de escribir un blog que empecé a hacer con mi hermana y entonces volví a recordar todo aquello del gozo de escribir. Me di cuenta de que lo que siempre había querido hacer era escribir historias, aunque quedasen para mí.

-En eso, en lo de la renuncia, se parece mucho a los personajes de Ana María y Sole.

-Ana María ha tenido que vivir con la renuncia a algo que era imposible de concebir en ese momento, en ese pueblo. Su hija, Cristina, se encuentra con que ahora ve las cosas con otros ojos y se encuentra todo esto y no sabe muy bien cómo gestionarlo.

-Para su primera novela se ha inspirado en un terreno que conoce bien. No ha buscado lugares exóticos. ¿Cuánto hay de biografía y de ficción?

-Es un pueblo en la provincia de Ávila, que es el pueblo de mi madre al que yo iba de jovencilla, creo más joven que Cristina. Entonces, sí que he vivido algunas fiestas de los pueblos y eso. Puesto que me había metido en otros berenjenales gordos para ser mi primera novela con la coralidad y la estructura, pues necesitaba una ambientación que me permitiera estar fuerte. Me gusta lo cotidiano, muchas veces el mayor horror está ahí al lado, hay historias maravillosas en todas partes, pero creo que cuando son historias que te tocan de alguna manera, da igual de dónde vengan. Todo es ficción excepto un poquito. Lo que he hecho es trabajar un poco el recordar las emociones de entonces y construir unos personajes que al final, pues sí, siempre pueden llevar algo de alguien que recordaba pero son una amalgama y no son ninguna historia ni corresponden con nadie exactamente.

-La novela gira en torno a dos épocas, finales de los 60 y finales de los 80. Fueron apenas 20 años, pero que cambiaron radicalmente la sociedad española.

-Completamente, o sea, es que nada que ver. Pero seguramente nada que ver mi adolescencia con la de mis hijos. Es verdad que hay gente muchísimo más joven que yo, que me ha dicho que ellos han vivido esa adolescencia así. Pero creo que hoy en día, por culpa de los móviles, se vive otra adolescencia, de otra manera.

Pero sí, hay muchísimas cosas que han cambiado y otras que no tanto, por ejemplo, en la novela se pone de relieve de alguna manera cómo es todo más difícil para las mujeres. Las mujeres siempre están en el punto de mira y eso ocurre tanto en la época de Ana María, que es la madre, como en la época de Cristina que es la hija. Cristina tiene otro hermano con el que se lleva un año y pico, que es mayor, pero con los chicos no es igual, a los chicos no se les vigila de esa manera.

-¿Es la búsqueda de libertad, de vivir como uno desea, uno de los principales temas de 'Los incendios'?

-Creo que sí, si uno es capaz de superar esas herencias que vienen con uno y que son de muchos tipos: la herencia familiar, la herencia cultural, la herencia emocional, que es la de que tienes de toda tu generación y al que le parece bien hacer las cosas de una manera y mal de otra. Y todo eso en ese momento que es un poco frontera, en el que uno tiene que definirse de pronto puesto que se ha acabado lo bonito de la infancia y tiene que posicionarse.

-También el amor, el deseo y esa radiografía de pueblo.

-En un pueblo pequeño y parece que hay más libertad de movimiento, pero luego no hay más libertad, sobre todo cuando eres un adolescente que necesitas construirte y alguien te está preguntando tú de quién eres para colocarte o juzgarte por el pasado de tal familia, vas con una carga, con la historia de tu familia que quizás hasta desconozcas. Y lo del deseo, pues bueno, es que es una historia sobre la adolescencia. Hay dos adolescencias reflejadas y ese deseo que se despierta se ve totalmente distinto. En el caso de Ana María es más de renuncia y en el caso de Cristina, quizás es una presión social. Cristina en el fondo es una niña que no está del todo preparada. Hay distintos tiempos y sin embargo parece que las mujeres también tenemos ese reloj para todo, ¿no? El ya toca enamorarse, ya toca tener novio, ya toca perder la virginidad, ya toca casarse luego, tener hijos... En este caso en la adolescencia la presión viene de los que son como tú.

-Volviendo a lo del pueblo, uno puede salir de él pero el pueblo nunca sale de uno.

-Efectivamente, yo creo que se ve bastante bien en la novela. Cuando Ana María es una joven habla de que lo que quieren los mayores es que salgamos del pueblo y que volvamos al pueblo de otra manera, como triunfantes. Y de eso de alguna manera nunca se va, ¿no? Ana María se ha ido a Madrid, ahora es una señora de otra manera, ha tenido suerte en la vida mientras que otras no.

-¿Sus hijos ya han pasado la adolescencia pero, se ha sorprendido cuando ha escrito la novela?

-No, porque yo creo que mis hijos han tenido una adolescencia diferente, porque el tema de los móviles y las redes sociales lo ha cambiado todo. Antes era una cosa más de tú a tú. Ahora ellos reciben demasiados estímulos, mucho bombardeo, mucha publicidad, el sexo obviamente se trata de otro modo en estas generaciones. Mis hijos ya han vivido otra adolescencia distinta.

-¿Le hubiera gustado educarlos de otra manera?

-En muchas cosas, sí, claro. Porque, por ejemplo, me hubiera encantado que disfrutaran de la lectura como yo cuando era joven, que eso yo creo que la mayor parte de los jóvenes de esta generación no lo hacen porque están acostumbrados a la inmediatez y no tienen la paciencia necesaria para leer muchas veces.

Creo que también hemos sido muy conejillos de indias con esta generación, con todo lo de internet... En el colegio, que ahora estudian sin libros, que si ahora todo es por plataformas... Mi opinión es que para muchas cosas se vivía mucho mejor con lo analógico, que de hecho lo están volviendo a poner, pero hemos sido conejillos de indias y en algún momento hemos pensado que eso estaba bien. Pasó también con las redes sociales, parecía que era una cosa de entretenimiento y son muy peligrosas. Al niño se le está poniendo una ventana en la que los influencers le están bombardeando constantemente.

-Todos los narradores de su novela son mujeres, a excepción de uno, Paco, un jovencito enamorado de Cristina...

-Paco me salió muy natural, yo creo que fue la voz más fácil para mí, porque era un personaje que lo vi muy claro y yo necesitaba un personaje que pusiera el foco en Cristina. Y al mismo tiempo que luego fuera un poco el antihéroe, un personaje gris, que da como miedo.

-Y para liarlo todo más se permite otra voz, la de la narradora.

-Había capítulos en los que necesitaba volver a anclar al lector para que no se perdiera y por eso lo de la narradora. Siguiendo el esquema de coralidad, había capítulos en los que nadie dice nada y es la narradora la que lo cuenta.

-¿Ha sentido el peso de la figura de su hermano, ha sido una ayuda o un acicate?.

-Un acicate, tampoco. Él se ha dedicado siempre a esto y para mí era algo que me gustaba hacer, pero estaba a otras cosas. Mi hermano ha sido una ayuda enorme porque me ha animado a hacerlo. Y es alguien al que puedo consultar de primera mano. Tenemos una relación muy cercana, nos llevamos muchos años y crecimos con una relación un poco especial. Para mí, sus éxitos son los primeros, me alegro más de sus éxitos de cualquier éxito que tenga yo. El escritor de la casa era mi hermano y yo creo que lo sigue siendo.

-¿Sueña con ser un David Uclés o Lucia Solla o una María Dueñas en su tiempo o le preocupa más ir paso a paso?

-Soñar es gratis. Eso lo queremos todos pero yo lo que quiero es disfrutar de este momento. Quiero que a la gente le guste la novela, y lo que tenga que ser será, ya está. No me planteo nada, de hecho, todo esto ha sido en el último año y era inesperado. Lo único que puedo hacer es sentirme superagradecida y disfrutar de este momento, lo que tengo claro es que voy a intentar que siga.

-¿Tiene la siguiente en mente?

-Tengo otras cositas en las que estoy trabajando, sí, sobre todo en una novela, pero le queda. Y será totalmente diferente, tiene también algo de oscuro, pero en un sentido bastante distinto y en este caso es una voz en primera persona que yo creo que también es lo que da bastante juego a la novela.

Fuente:ABC TU DIARIO EN ESPAÑOL