En España hemos tenido algunos peluqueros ... ilustres, como Llongueras, Lorena Morlote, Natalia de la Vega, Alberto Cerdán o Ruphert. De este último se han publicado sus memorias -con sus secretos-, que saldrán a la venta el próximo 11 de mayo. "Él me relató su vida. Confiaba en mí hasta el punto de contarme cosas que yo nunca voy a publicar por respeto", asegura María José Lorenzo, autora de 'Ruphert, te necesito', de la editorial Narrador Consciente, en conversación con ABC.
"El lector se va a sorprender muchísimo con el relato de su vida, porque a pesar de que tenía una apariencia frívola, díscola, a veces incluso impertinente, detrás de él había un personaje creado a base de esfuerzo desde muy pequeño, en el que aprendía con sencillez", sentencia.
Los peluqueros se hacen famosos por su clientela famosa, obviamente. Y a Ruphert le llegó con Sara Freites, quien fuera mujer del futbolista argentino Alfredo Di Stéfano, un ídolo mundial que jugaba en aquel momento en el Real Madrid. Durante su estancia en la capital, Sara se encaprichó con montar una peluquería y un entonces desconocido Ruphert se puso al mando del negocio.
Aunque nunca llegaron a congeniar, "acepté la propuesta porque era una ocasión única para ascender en mi carrera. A su peluquería iba a acudir medio Madrid, por ser la mujer de quien era", explica María José Lorenzo en palabras del propio peluquero. "Solo trabajé con ella ocho meses, el tiempo suficiente para hacerme el peluquero más famoso de España", reconoce.
Hace no demasiados años, los peluqueros eran considerados como estilistas, porque no sólo recomendaban un peinado, sino una estampa completa de la señora en cuestión. Una vez alcanzada la fama, por la peluquería de Ruphert pasaron estrellas de la talla de Sara Montiel, Carmen Sevilla, Lola Flores, Rocío Jurado o la duquesa de Alba y celebridades internacionales como Jacqueline Kennedy o Grace Kelly. "En esa etapa de mi vida había empezado a descubrir la grandeza, el lujo y el glamur. Todo lo que hacía se convertía en éxito", confiesa.
A la mayoría de ellas le dedica un capítulo de su vida. Así, a Sara Montiel la define como su "amiga del alma" con la que mantenía charlas "en las que me abría su corazón, hablando de sentimientos y recuerdos de su infancia [...] en el salón privado de mi peluquería, con un café delante y un puro en la mano", porque la artista "padecía la soledad que provoca el éxito y estaba muy sola". Sobre Carmen Sevilla, Ruphert confiesa que su matrimonio con el compositor Augusto Algueró no fue para nada ideal. "Aunque de puertas para fuera parecían una pareja perfecta, ella era una mujer infeliz que, al caer la tarde, venía a mi peluquería para poder dar rienda suelta a sus penas de amor. Carmen me había convertido en su paño de lágrimas. Era una mujer con el corazón roto por el desamor, que solo encontraba consuelo llorando en mis brazos". El peluquero se frustraba mucho pensando en la enfermedad que aquejó a la artista los últimos años de su vida: "Me causaba una tremenda tristeza saber que la mujer que había sido tan espléndida se estaba apagando en la soledad y sin una historia que recordar".
En el capítulo dedicado a Rocío Jurado, Ruphert habla de la madre de la artista, Rosario, refiriéndose a ella como "la gran protectora de la estrella": "La señora siempre estuvo protegiendo a su niña de hombres y mujeres de los que pensaba que solo perseguían acostarse con su hija, personas poderosas y ricas" y no dejaba que su hija recibiese regalos caros: "Ahora me río, porque si su madre le hubiera dejado aceptar los lujosos regalos que tuvimos que rechazar, habría sido mucho más rica. Pero doña Rosario era muy especial", reconoce.
Y sobre el matrimonio de la folclórica con el boxeador Pedro Carrasco, el peluquero asegura que ambos se conocieron bajo el techo de su negocio: "No se conocían y, en cuanto se cruzaron sus miradas, ocurrió algo mágico. Yo me di cuenta de que de los ojos de ambos saltaron chispas nada más mirarse, y conocía tanto a Rocío Jurado que supe que estaba dispuesta a comerse el mundo con el boxeador desde ese mismo instante".
Aunque una de las cosas que más rabia le daban era que "Rocío Jurado me era infiel... porque le gustaba cambiar de peluquero. Era desesperante ver los cambios de peinado que le hacían; algunos daban pena. Fue una lástima que una estrella de su categoría no consiguiera tener un peinado que marcara su imagen, porque se peinaba cada día con un peluquero distinto".
Aunque sin duda, la estrella que más le marcó durante su carrera profesional fue Bibiana Fernández. "Fue especial para él porque juntos vivieron épocas muy duras como la de los 80, cuando el mundo gay estaba señalado", explica la autora del libro. "Conocer a Bibi fue una de las cosas más bonitas que me pasó en la vida [...] La reinventé hasta convertirla en una de las mujeres más guapas del mundo", dice el peluquero que finaliza diciendo: "He trabajado con muchas artistas, diría que con las más importantes, pero confieso que a ninguna he querido más que a Bibi".
Fuente: ABC TU DIARIO EN ESPAÑOL