España y sus gatos: de los silos de grano a las colonias reguladas por ley

Con la subida de las temperaturas y el aumento de las horas de luz, comienza uno de los periodos más delicados en la vida de los gatos callejeros: la época de cría. Durante estos meses, es habitual que aparezcan numerosas camadas de gatitos, una realidad que cada año moviliza a particulares, voluntariado y administraciones.

Sin embargo, no todas las camadas requieren intervención inmediata. Saber distinguir cuándo actuar y cómo hacerlo es importante para no empeorar la situación de los animales ni interferir en su cuidado natural. Al mismo tiempo, este periodo vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la gestión ética de los gatos que no tienen hogar y los recursos públicos destinados a ello.

El ciclo reproductivo de los gatos domésticos está estrechamente ligado a factores ambientales. El aumento de la luz solar activa el celo en las hembras, lo que desencadena una cadena de apareamientos y nacimientos que se concentra especialmente entre primavera y verano.

Para que haya camadas, obviamente, se han de intensificar otros comportamientos asociados. Durante el celo los machos tienden a alejarse más de su territorio habitual, lo que incrementa el riesgo de accidentes, peleas o desapariciones si tienen acceso al exterior. Esta dinámica contribuye, además, a la reproducción descontrolada cuando no existe esterilización.

El resultado es visible en pocos meses, con un aumento significativo de las camadas en la calle, muchas de ellas en entornos donde los recursos de alimento, espacios seguros y atención veterinaria, son limitados.

Uno de los errores más frecuentes en esta época es recoger de forma precipitada a crías que, en realidad, no están abandonadas. Las gatas suelen dejar a sus gatitos solos durante varias horas mientras buscan alimento, pero regresan para alimentarlos y protegerlos.

Por eso, antes de intervenir, es fundamental observar la situación. Si los gatitos están limpios, tranquilos y agrupados, es probable que la madre esté cerca. En estos casos, retirarlos va a reducir sus posibilidades de supervivencia, aunque esto pueda parece contraintuitivo, ya que la lactancia materna es clave en sus primeras semanas de vida. Además, no solo los gatitos pueden salir perjudicados, sino que retirárselos a su madre de manera prematura o abrupta conlleva riesgos significativos para la salud de la gata, siendo la mastitis uno de los más comunes y graves.

La recomendación general es vigilar a distancia y confirmar si la madre regresa. Solo en situaciones evidentes de riesgo, como crías heridas, en peligro inmediato o con signos claros de abandono, se justifica la intervención directa.

Cuando una camada sí necesita ayuda, la actuación debe ser rápida pero también coordinada. El primer paso es contactar con los servicios municipales, las protectoras o las gestoras de colonias felinas de la zona, si las hubiera. Estas entidades cuentan con experiencia y protocolos para manejar este tipo de situaciones.

En el caso de encontrar un gatito abandonado o una cría en solitario, la intervención dependerá de su estado. Si el animal está sano pero desorientado, puede tratarse de una pérdida reciente, por lo que conviene comprobar si lleva identificación y difundir su hallazgo. Si presenta signos de enfermedad, desnutrición o peligro, debe ser trasladado a un centro veterinario o a un centro de acogida.

Este enfoque evita decisiones impulsivas que, aunque bien intencionadas, pueden generar más problemas, como la saturación en las protectoras o la separación innecesaria de camadas.

La aparición masiva de camadas de gatitos en situación de vulnerabilidad es el resultado de la falta de control reproductivo, por lo que la herramienta más eficaz para reducir el número de nacimientos es la esterilización.

El método CER (captura, esterilización y retorno) se ha consolidado como el sistema de referencia en la gestión de las colonias felinas. Consiste en capturar a los gatos comunitarios, esterilizarlos y devolverlos a su entorno, donde continúan viviendo pero sin reproducirse.

Este modelo, cuyo objetivo es reducir progresivamente la población, también pone el foco en disminuir los conflictos vecinales por la presencia de gatos sin dueño y limita comportamientos asociados al celo, como las peleas o el marcaje con orina.

Durante estos meses, la colaboración ciudadana es especialmente relevante. No se trata solo de intervenir cuando aparecen las camadas, sino de actuar de forma preventiva.

Para contribuir a reducir el problema de las camadas de gatitos a medio y largo plazo es importante evitar el acceso al exterior de gatos machos y hembras sin esterilizar, no abandonar las camadas no deseadas (delito tipificado bajo el artículo 340 bis del Código Penal) y apoyar, en la medida que sea posible, a las entidades locales. También es importante respetar el trabajo de las personas que gestionan dichas colonias, ya que su conocimiento del terreno les permite tomar decisiones ajustadas a cada caso.

Recordamos que la gestión de colonias felinas cuenta, además, con respaldo institucional. El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 ha convocado una línea de ayudas destinada a entidades locales para impulsar el control poblacional de estos animales, tal y como recoge el Boletín Oficial del Estado.

La resolución establece una dotación máxima de 1.950.000 euros para el ejercicio 2026, con cargo a los presupuestos de la Dirección General de Derechos de los Animales.

Estas subvenciones están orientadas a financiar proyectos basados en el método CER, así como tratamientos veterinarios, mejoras en las condiciones de vida y alimentación de los gatos comunitarios y acciones de formación y concienciación.

La disponibilidad de estos recursos resulta imprescindible para muchos ayuntamientos y entidades que operan con recursos limitados y afrontan un aumento de casos durante la temporada de cría. Facilitar el acceso a financiación les permite ampliar el alcance de las intervenciones y consolidar sus modelos de gestión.

Fuente: 20 minutos