Andalucía ya está en elecciones. Juanma Moreno ha puesto fecha a los comicios para el domingo 17 de mayo, se ha enfundado su traje de faena y ha diseñado una campaña en clave autonómica para revalidar su mandato durante otros cuatro años (hasta 2030). "El ... ruido nacional es combustible para Vox. No nos favorece para nada. Una campaña centrada en el enfrentamiento de [Alberto Núñez] Feijóo con Pedro Sánchez solo beneficia a [Santiago] Abascal, alimenta su discurso de que el PP y el PSOE somos lo mismo. No podemos permitirnos eso cuando no estamos jugando la mayoría absoluta", reflexiona un mando del PP andaluz.

En privado, miembros de la formación conservadora temen que la polarización contamine la campaña andaluza, ya venga del PSOE, de Vox o de la propia dirección nacional del PP. Para Génova resulta muy tentador aprovechar la batalla electoral de Andalucía, antiguo bastión del PSOE, como un termómetro de la poca popularidad de la que goza el sanchismo. En esa estrategia está Miguel Tellado, portavoz del PP en el Congreso, que el pasado miércoles reprochó a María Jesús Montero que "Sánchez le obliga a ir al matadero electoral de Andalucía".

En la sede regional de la calle San Fernando en Sevilla, en cambio, no quieren interferencias de Génova. Temen que las elecciones sean una caja de resonancia de la bronca nacional. En la agitación, los socialistas y los de Abascal se retroalimentan y una oferta política de moderación y serenidad, como la que propugna Moreno, queda eclipsada, afirman. Y recuerdan que a Alfonso Fernández Mañueco le ha ido mejor en las urnas con una campaña centrada en los problemas de Castilla y León que en el debate nacional. Ha contenido el crecimiento de Vox con una estrategia diferente a la de María Guardiola o Jorge Azcón.

Moreno está mentalizado de que la mejor manera de frenar a Vox es encapsular el proceso electoral andaluz alejándolo todo lo posible de la bronca permanente que domina cada sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. Así se lo ha transmitido a su equipo de colaboradores.

Lo verbalizó en su primera entrevista concedida al programa El Hormiguero, de Antena 3, el pasado 9 de marzo, cuando Pablo Motos le preguntó acerca del ascenso imparable de los de Abascal, antes de los comicios de Castilla y León, en los que éstos no cumplieron sus expectativas. "Hacemos un flaco favor cuando colocamos a Vox permanentemente en la agenda política. No podemos estar con un espejo retrovisor mirando a Vox. Es un partido y nosotros somos otro", razonó Moreno. El presidente del PP andaluz es de los que está convencido de que la espuma de Vox empezará a bajar cuando sus cargos entren en los gobiernos regionales de Extremadura o Aragón, y asuman responsabilidades.

En lo que a él concierne va a intentar que eso no suceda en Andalucía, que la llave de su investidura no dependa de Abascal, en vista de lo cuesta arriba que está poniendo las negociaciones para la reelección de Guardiola y Azcón en sus parlamentos.

El mandatario andaluz sabe que el margen que tiene para impedirlo es muy estrecho. La mayoría absoluta depende de dos o tres escaños. El último barómetro del año del Centro de Estudios Andaluces (Centra), publicado el 15 de diciembre, pronosticaba que podría perderla. Le daba casi tres puntos menos que en las autonómicas de junio de 2022 (40,2%) y entre 53 y 55 escaños (55 es el umbral de la mayoría absoluta). La mayor amenaza para el PP no viene del PSOE andaluz sino de Vox, que puede alcanzar los 22 escaños (ahora tiene 14) y un 17,5% de los sufragios, según el 'CIS andaluz'.

A la vicepresidenta primera del Gobierno y candidata socialista, María Jesús Montero, los populares le sacan casi 19 puntos de ventaja. Hoy por hoy no es una alternativa. Lo que menos le conviene en su caso es una campaña plana, que desmovilice el voto progresista. Por eso ha puesto todo su empeño en añadir tensión a la campaña tratando de convertirla en un plebiscito sobre el deterioro de la sanidad pública bajo el Gobierno del PP. En una situación desesperada ha puesto en circulación el bulo de que Moreno va a implantar el copago, sin aclarar en qué se basa tal conjetura.

De confirmarse la tendencia que muestran los sondeos, los socialistas podría firmar su peor resultado en las urnas, por debajo de los 30 asientos en la Cámara que logró Juan Espadas en 2022. La secretaria general del PSOE andaluz arrastra una pesada mochila para recuperar el Palacio de San Telmo perdido en los comicios de 2018. Como ministra está condicionada por los pactos con los independentistas catalanes y vascos que ha tenido que negociar en nombre de Pedro Sánchez, que despiertan un sentimiento de agravio en el electorado andaluz.

La estabilidad política y la buena marcha de la economía andaluza -si no la malogra la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán- son las banderas a las que se va a agarrar Moreno para mantener su amplio espacio electoral en el centro y disuadir a los votantes seducidos por las recetas rupturistas de Vox.

Como la ley electoral no permite inaugurar obras después de llamar a las urnas, el presidente ha pisado a fondo el embrague para acelerar los actos en los que muestra los proyectos que ha puesto en marcha su gobierno. En la última semana, la agenda presidencial ha estado más apretada que de costumbre.

El pasado sábado presentó el proyecto del nuevo hospital de Cádiz, cuya primera piedra prometió colocar Manuel Chaves en el año 2009. Este lunes viajó por la mañana a Almería para inaugurar la primera fase del Puerto Ciudad de Almería y más tarde se desplazó a la localidad de Vélez-Málaga para visitar la ampliación del Hospital Comarcal de la Axarquía. Cinco días antes, había viajado a Huelva para poner la primera piedra del Materno Infantil y resolver así una demanda histórica de la provincia. A principios de marzo, asistió al estreno del nuevo centro de salud de Mancha Real, en la provincia de Jaén.

Fuente: ABC TU DIARIO EN ESPAÑOL