'Torrente presidente': los verdaderos motivos detrás de su inesperado fracaso de taquilla en Argentina

Torrente presidente, la nueva entrega de la saga dirigida por Santiago Segura, continúa generando debate más allá de la taquilla. Convertida ya en el estreno español más comentado de lo que va de 2026, la película no solo está acumulando cifras récord -- más de 27 millones de euros recaudados en su primer mes en cines -- , sino que también ha reabierto una discusión recurrente: hasta qué punto el personaje de Torrente funciona como sátira o acaba siendo un espejo complaciente para aquello que pretende criticar.

El último en pronunciarse ha sido el cómico, escritor y actor Ignatius Farray, que este domingo, durante su intervención en A vivir que son dos días (Cadena SER), cuestionó el supuesto carácter satírico del filme. "Se supone y se dice que Torrente es una sátira, pero que cuando tú haces sátira de algo, la cosa que es satirizada se siente en entredicho, se siente mínimamente incómoda. Aquí lo que sucede es que la cosa que se está satirizando celebra Torrente", afirmó.

Ignatius fue más allá, y aseguró que no imaginaba a un espectador de ultraderecha saliendo del cine con sensación de incomodidad o crítica, sino más bien lo contrario: "Yo no me imagino ningún facha saliendo del cine y diciendo: 'Joder, hermano, no me esperaba una sátira tan dura, estoy hecho polvo'".

En clave humorística, el cómico incluso lanzó una propuesta irónica para equilibrar el fenómeno: "Yo propongo un Torrente woke para compensar". Según explicó, su versión del personaje detendría criminales "utilizando el lenguaje inclusivo", bromeando con frases como "asesine, alto", aunque reconoció que podría sonar como si estuviera animando al delincuente a cometer el crimen.

Más allá de la polémica, el caso de Torrente presidente vuelve a demostrar el lugar privilegiado que ocupa la saga dentro del cine español, consolidándose como un producto masivo que funciona como termómetro cultural. Para algunos, Torrente es una caricatura evidente de la España más rancia, un retrato grotesco llevado al extremo que precisamente busca ridiculizar actitudes machistas, racistas o autoritarias. Sin embargo, otros señalan que el éxito sostenido del personaje durante décadas también revela una ambigüedad incómoda: la posibilidad de que parte del público no se ría 'de' Torrente, sino 'con' Torrente.

Fuente: 20 minutos