Gonzalo Bernardos, economista: "El 40% del precio de la vivienda son impuestos. ¡Vale ya!"

La crisis de la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas sociales y económicos de España, con precios del alquiler disparados y una oferta cada vez más escasa en las grandes ciudades. En este contexto, Cataluña se ha situado en el centro del debate al aplicar un sistema de control de rentas que pretende frenar las subidas, pero que también ha generado controversia sobre sus efectos reales en el mercado.

Mientras algunos defienden que el límite a los alquileres protege a los inquilinos, otros alertan de que puede provocar el efecto contrario. Entre las voces más críticas se encuentra la del economista Gonzalo Bernardos, que ha cuestionado durante la Conferencia Anual de Trioteca, la eficacia de estas medidas y sus consecuencias a medio y largo plazo.

Bernardos es especialmente duro con las últimas iniciativas de la Generalitat en materia de vivienda. A su juicio, la regulación del alquiler de temporada carece de base legal y abre un nuevo frente de inseguridad jurídica. "Es ilegal la regulación que han hecho de la vivienda de temporada, porque sencillamente no tienen competencias, es algo que ha dicho el Tribunal Constitucional", afirma, antes de criticar que ahora se estudien nuevas restricciones a la compra: "Supuestamente están estudiando prohibir compras si no es para vivir. Yo alucino".

Para el economista, el control de alquileres ya ha tenido un impacto devastador: "Con el control de alquileres han herido de muerte al mercado de alquiler. Si hacen esto, si impiden que alguien compre una vivienda para poner en alquiler, lo que nos encontraremos es que de herido de muerte pasa directamente a estar enterrado", sentencia.

Desde su punto de vista, el problema no es técnico sino ideológico. Bernardos reconoce una 'lógica política', pero niega que exista una lógica económica detrás de estas medidas. "No logro entender la lógica económica; la lógica política, sí, es la del partido populista, que te haga que si tú quieres beneficiar a los que viven de alquiler, le reduzcas la oferta por todos los medios". En su opinión, limitar la rentabilidad y la capacidad de inversión solo consigue retraer a los propietarios y reducir aún más el parque disponible, presionando al alza los precios que se pretendían contener.

En cuanto a la llamada compra especulativa, Bernardos rechaza que sea un fenómeno generalizado. "Desde la perspectiva de la compra especulativa, lo que hay que contar es que es relativamente reducida. No estamos ni mucho menos como en 2006-2007", explica. Recuerda que en los años previos a la burbuja se vendían viviendas incluso antes de escriturarlas, algo que "hoy no ocurre".

Lo que sí se observa es el llamado flipping house, operaciones de "compra, reforma y vende" que, según defiende, cumplen una función en el mercado: "Consiste en proporcionar una vivienda reformada que, de la otra manera, sería una vivienda destrozada", facilitando además la financiación bancaria al comprador final.

Para Bernardos, la especulación se concentra en zonas muy concretas y no afecta de igual manera a todo el territorio. "En las zonas de clase media baja, prácticamente nadie", señala, y sitúa el foco en los barrios más cotizados de grandes ciudades como Madrid o Barcelona: el Eixample, Sarrià-Sant Gervasi o Poblenou. Allí, explica, entra en juego el comprador extranjero, dispuesto a pagar "un 20 o 25% más" que un comprador nacional, un fenómeno histórico que, a su juicio, no se ve alterado de forma significativa por las medidas actuales.

Finalmente, Bernardos subraya que el grueso del mercado sigue estando en manos de personas que compran para vivir y no para invertir, aunque alerta de un cambio estructural profundo. Apoya su argumento en un dato que considera clave: el desplome del acceso a la propiedad entre los jóvenes.

"En 2007, entre 30 y 44 años, el 75% tenía una vivienda en propiedad; en 2024, el 57%. Y entre 16 y 29 años hemos pasado del 59% al 27%". En paralelo, recuerda que la banca ve en el crédito hipotecario el principal motor de crecimiento futuro, muy lejos de los excesos de 2007, lo que, en su opinión, refuerza la idea de que el problema actual no es una burbuja especulativa, sino un mercado tensionado por la falta de oferta y por decisiones políticas que, advierte, pueden agravarla.

Fuente:20 minutos