Eva Baltasar (Barcelona, 1978) fue solo poeta hasta que una psicóloga le pidió que resumiera su biografía en cuatro folios. "Estaba como muy ofuscada con problemas existenciales. No tenía amigos, no sabía a quién contárselo, estaba casada pero parte del problema era mi relación con ... la que ahora es mi exmujer, con lo cual tampoco me servía mucho... Así que fui a una psicóloga. En la primera sesión me dijo que me veía muy desestructurada, y que tenía que poner mi vida por escrito, en cuatro páginas. Me senté a escribir, pero mi biografía me aburría muchísimo, y de forma casi como involuntaria empecé a introducir pequeñas variaciones para hacerla más interesante... De repente había descubierto una voz que me interesaba, un personaje que me estaba llevando a sitios distintos, y me dejé ir. De ahí salió 'Permafrost', que es mi primera novela", cuenta, al otro lado de la pantalla.

'Permafrost' se convirtió en un pequeño fenómeno editorial, y fue la primera parte de una trilogía sobre la maternidad y la soledad y el deseo que completó con 'Boulder' y 'Mamut', y que la consolidó dentro y fuera de España: en 2023 se quedó a las puertas del Booker Internacional... Para entender quién es Baltasar, qué es su literatura, a qué suena su voz, podríamos decir que fue ayudante de un pastor de ovejas tres años, o que vive lejos de la ciudad porque le agobia, o que siempre ha trabajado lo justo para poder seguir escribiendo: antes versos, ahora novelas en las que a veces cuenta sílabas... Se sienta a escribir de madrugada, antes del amanecer, y sigue dándole vueltas a lo suyo cuando sale a caminar por el bosque. "Pero no anoto nada, las buenas ideas son las que no se olvidan", dice. Acaba de publicar 'Peces' (Random House, como el resto de su obra), una novela sobre el amor, es decir, sobre la obsesión. Una novela romántica, también en el sentido decimonónico.

-- ¿Y volvió a la psicóloga que la puso a escribir?

-- No, no hizo falta [risas]. Aunque no estoy en contra de los psicólogos. De hecho, mi hija mayor estudia psicología.

-- Bueno, ¿de dónde viene 'Peces'?

-- Nace de 'Ocaso y fascinación', mi anterior novela. Ahí la protagonista tiene una especie de virgen en su casa, y vive en perpetua adoración de esta figura. Es una adoración amorosa, erótica; su casa es un templo. A mí me encantaba estar ahí, así que decidí que en mi próxima novela crearía un paisaje parecido: el paisaje del enamoramiento. Pero es un enamoramiento que se vive casi como una revelación. Así que 'Peces' viene de ahí. Bueno, y de mis propias historias de amor monstruosas que he vivido. Nunca hago autobiografía, pero sí que aprovecho mi propia vida.

-- Es su primera novela de amor, también la primera en la que la protagonista es una escritora.

-- Es que al ser escritora ya no tengo estar imaginando [y ríe]. A mí me encantan los libros de escritores que reflexionan sobre el acto de escribir, sobre esa vida. Pienso en Stephen King, Carson McCullers, Marguerite Duras y muchísimos otros. Es algo que yo no voy a hacer en la vida, porque no me veo capaz, pero sí puedo escribir una novela en la que una escritora reflexiona sobre su vocación. Yo no sostengo todo lo que dice ella, pero sí el noventa por ciento.

-- Bueno, pues le reboto una de sus preguntas: "¿Por qué pensamos que está loco quien habla solo? ¿Por qué no pensamos lo mismo de un escritor, que escribe él solo, tal vez ni para sí mismo, tal vez para nadie?"

-- Siempre lo he pensado... Yo hablaba muchísimo sola por la calle. Y lo sigo haciendo, pero como ahora llevo un perro la gente se cree que hablo con él, y no que soy una loca [vuelve a reír]. Yo no encuentro que sea un signo de locura pensar en voz alta. Al contrario, me parece una forma de estructurar los pensamientos, algo que sucede también cuando escribo. De hecho, para mí escribir es una forma de conocerme, de ponerle palabras a mis pensamientos, de aterrizarlos. De ver claras cosas que sentía en mí y de las que no me había dado cuenta. Yo siempre escribo pensando en mí, no en mis lectores: es un acto muy íntimo. Escribí 'Permafrost' sin saber si se publicaría, y sigo así.

-- ¿No siente más presión ahora, sabiendo que le esperan sus lectores y sus traductores?

-- No, no, no. Y es una suerte. A mí lo que me da paz no es tener lectores, ni siquiera que gusten mis libros: eso me encanta, lo agradezco. Pero a mí lo que me da paz es escribir. Ahí reside mi libertad. Y no depende de otros.

-- Imagino que para eso ayuda vivir lejos del ruido y del mundillo literario.

-- Supongo que sí, aunque estoy a menos de una hora de Barcelona. El mundo literario, como la ciudad, me ahoga, me agobia. De hecho, ahora tengo una novela empezada, pero sé que hasta el mes de agosto no podré seguir escribiendo, por la promoción y los compromisos. Estamos en un mundo en que los escritores acompañamos a nuestros libros, y lo acepto, aunque en el siglo XIX igual no pasaba... Cuenta la leyenda que hubo una escritora que tuvo cierto éxito y la empezaron a invitar a festivales y ya no regresó a casa nunca más [ríe]. Esto puede ocurrir, eh. Yo el primer año así como de boom, dormí setenta noches en hoteles. Y dije: esto no puede ser. Yo quiero estar en casa. Yo quiero escribir.

-- ¿Esa vida editorial impide la escritura?

-- Es un movimiento contrario. Para mí la escritura es un movimiento de ir hacia adentro, y la promoción consiste en ir hacia afuera. Sé que hay escritores que muy fácilmente pueden intercalarlo, y por la mañana escriben y por la tarde se van a un acto. Yo necesito más tiempo, necesito aterrizar en la novela, necesito entrar y no salir durante días. La escritura es un estado casi corporal.

-- Dice la protagonista: "La escritura no te libra de nada. De ningún dolor ni de ningún recuerdo, ni siquiera de un leve pesar". ¿Esa frase la sostiene o es de las que no defendería?

-- La escritura te puede consolar, yo creo, te puede ayudar a comprender. La protagonista dice eso, pero al final se contradice, porque sí que usa la escritura como herramienta: es su arma. La escritura no la libera de nada, pero hace algo que a mi modo de ver es mucho más potente: la escritura le sirve para cancelar el pasado. No es liberarte o dejar algo atrás, es decir: esto que ocurrió, en realidad no ha ocurrido. Eso es mucho más potente, es extraordinario. La escritura tiene ese poder, y hay que saber usarlo. Yo lo he usado con mi propia vida.

Fuente:ABC TU DIARIO EN ESPAÑOL