El Sevilla va camino de Segunda. Esta afirmación sólo describe lo que está viviendo un club que hasta hace no tanto era la envidia del panorama nacional y sobre todo europeo. Un club modélico que fue perdiendo su esencia desde el palco y que se ... dirige sin que nadie le eche una mano a la tenebrosa Segunda división, categoría que no pisa desde finales del siglo pasado, con una deuda que entonces era "calderilla" en comparación con la losa que le están dejando los actuales gestores. La derrota de Oviedo, ante un colista que terminará descendiendo pero que se agarra a la vida con dignidad, fue una muestra más de la impotencia de un equipo carente de espíritu ni líderes; con un banquillo que se asombra de todo lo que rodea al Sevilla, sin ser conscientes realmente el día de la firma de los contratos del lugar en el que se metían, con un Luis García Plaza impresionado del nivel de animadversión de la masa social con sus dirigentes; en el palco está la última pata de ese banco cojo que ahora es el Sevilla. Los dirigentes mantienen un discurso de victimismo ante una situación que, según su versión, les coge como meros espectadores mientras el barco se hunde.
La distancia con el descenso es de sólo dos puntos. En los cuatro años que el Sevilla lleva peleando por mantener la categoría, en ninguno de ellos había estado en una situación igual antes de encarar la recta final. Sumaba los mismos 31 hace dos años, con Quique en el banquillo, aunque en esa ocasión había comenzado su remontada. Además, la distancia con el descenso era más abultada, de hasta seis puntos, con lo que estaba relativamente tranquilo. Necesitaba seguir sumando, pero nada parecido a la actualidad, donde las sensaciones son cada vez más terribles. Tres derrotas de forma consecutiva sin que haya aparecido ni siquiera la esperanza de rascar un mísero empate. Se mantiene fuera del descenso por los propios rivales, aunque cada vez tiene menos. Empatado con el Mallorca, sólo los 29 puntos del Elche le salvan de la quema. En cuando los hombres de Eder Sarabia sumen una victoria, el suelo se abrirá bajo los pies de los sevillistas.
Porque el calendario tampoco ayuda a ser positivo. Todo lo contrario. Visita el Sánchez-Pizjuán un Atlético algo distraído con la Champions, pero sin demasiado en juego y con la tranquilidad de sus deberes en Liga ya hechos. El nerviosismo de los sevillistas en su estadio es patente. No es capaz de hincarle el diente a casi nadie y no gana un partido desde la visita del Athletic. Y eso que han pasado por Nervión numerosos rivales de su Liga. También visitarán su estadio Espanyol, Real Sociedad y Real Madrid. Habrá que ver qué se juega realmente cada uno, aunque es seguro que menos que el propio Sevilla. Tampoco son nada halagüeñas las salidas que debe realizar, comenzando por un Levante el jueves de Feria que marcará el camino real del Sevilla por la permanencia o el descenso. Viendo el nivel ofrecido ante el Oviedo miedo da pensar en un adversario al que sí se le aprecian motivos para la esperanza en Liga, pese a su última derrota. Existe en casi todos los equipos que pelean por la salvación una corriente de optimismo. En todos menos en el Elche y el Sevilla, ambos con más cara de infierno que de cielo. Para más igualdad en sus desastres, hasta el goal average lo tienen empatado. De aquí al final será una guerra de supervivencia
Al Sevilla se la está poniendo en contra incluso quien no debería tomar parte en toda esta empresa, pero ya se sabe que a equipos grandes venidos a menos es más sencillo retorcerle el gaznate al mostrarse totalmente impotentes a la hora de dar una respuesta contundente a las injusticias que puedan haber detectado. La expulsión de Nianzou en Oviedo cambió el curso de un encuentro que los de Nervión ya iban perdiendo, con gol del delantero Fede
Viñas, quien incluso reconocía después del encuentro que su patada involuntaria pero peligrosa a Sow podía haber significado la roja directa. Y fue incluso menos lesiva que la de Sibo antes del descanso, con un mismo plantillazo a la tibia del propio Sow, quien fue sustituido al descanso por García Plaza. Tres acciones interpretables que cayeron todas del lado contrario a los intereses hispalenses. Demasiadas interpretaciones en contra de un equipo que no necesita que le empujen para caerse, aunque ya son varias ocasiones en la temporada donde la sensación de viento en contra por parte de los colegiados es demoledora.
Otro elemento que da la espalda al Sevilla, cuya necesidad de sumar al menos nueve o diez puntos de aquí al final es gigantesca, con una inercia que si llega a cinco serán muchos. Debe equivocarse menos que el Elche, contando con que el Mallorca abandonará esa zona si engancha dos resultados positivos. Porque este mes de abril, en el que se jugarán tres partidos, dos de ellos muy seguidos por la final de la Copa del Rey, y que caen precisamente en Feria. Levante y Osasuna. Contando igualmente con ese Atlético europeo que visita Sevilla con la mirada puesta en otros frentes. Aun así, la sensación de dejar todos en manos del propio Sevilla no puede ser más engañosa e incluso peligrosa. Que sea el equipo capaz de sacar de su mano las castañas del fuego. O que el entrenador encuentre una fórmula mágica que no apareció en un primer intento.
De hecho su participación en la derrota también es relevante, sobre todo con uno menos. Decidió esperar a que el Oviedo se pusiese nervioso con el resultado corto e intentar empatar en el último tramo del encuentro, llegando a jugar con cinco atrás cuando tenía un hombre menos. Sin arriesgar lo más mínimo, con lo importante que hubiese sido un punto en esas circunstancias. Sus cambios al descanso le delatan. Ha llegado con la receta habitual que se busca en equipos pequeños metidos en estos apuros. Sacar un puntito fuera arriesgando poco y sumar lo que se pueda como local. Pero eso de minimizar errores no fue así. Ni en el gol ni en la expulsión, protagonizadas por el mismo hombre, por mucho que la roja pudiese ser injusta. Porque ni el factor suerte le acompañó al nuevo entrenador del Sevilla. No ha llegado con esa estrella que podía desearse o soñarse. Malo. Nada ni nadie colaborarán para sacar al Sevilla del pozo en el que se ha metido solito por las malas decisiones de los que siguen mandando en el club. Y este barco no lleva salvavidas.
Fuente: ABC TU DIARIO EN ESPAÑOL