Diego y Luis montaron un negocio a medias: una plantación de marihuana. Luis, para Diego, era el padre que no había tenido, y también un referente de éxito, un empresario al que las cosas le iban bien. Luis puso su nave industrial, en Sant Andreu de la Barca, y Diego, veinte años más joven, se encargó de montar la instalación eléctrica -para que las plantas de cannabis crezcan es necesario substituir la luz solar por luz artificial- y de vigilar el vivero por las noches. Así comenzó todo, una inversión que iba a hacerles ricos. Pero, como sucede a menudo en el peligroso mercado negro de la marihuana catalana, no ha terminado bien: esta semana Luis ha sido condenado a 15 años de cárcel por matar a Diego, su 'hijo adoptivo', y por ocultar su cadáver. La familia de Diego, que deja mujer e hijos, ni siquiera ha podido enterrarlo.

La traición

Dos años después de poner aquel negocio en marcha, Luis llamó a Diego para explicarle que habían sufrido un narcoasalto. Es decir, que una banda de traficantes rival había entrado en la nave y se había llevado toda la droga. Diego había apostado fuerte por esa plantación y, sin las ganancias esperadas, se quedó sin un duro.

Diego acudió con su Audi a la nave de Sant Andreu a reclamar su parte del botín: nunca más se supo de él

Diego trató de subsistir sin salir del mundo de la droga: comprando y vendiendo esquejes de plantas de marihuana, un escalafón más bajo del mismo negocio. En uno de esos tratos, Diego parece que descubrió que Luis le había mentido: ninguna banda rival había asaltado la nave de Sant Andreu de la Barca. Lo que había pasado, o a esa conclusión llegó Diego, fue que Luis, cada vez con más contactos con narcos importantes de origen albanés, se había quedado con todo. Diego enloqueció.

La pelea

El 11 de mayo de 2020, en plena pandemia, la mujer de Diego escuchó a su marido chillar a su socio por teléfono, decirle que esto no iba a quedar así: "Si yo caigo, caemos los dos", le subrayó. Diego, de camino en su Audi A4 de color azul eléctrico, también contactó con su amante -una mujer con quien mantenía una relación extramatrimonial- y también a ella le dijo que iba a enfrentarse con Luis. "Voy a romperle la cabeza", aseguran fuentes jurídicas que llegó a expresar esa mañana.

A pesar de no hallar indicios en la nave, la policía descubrió que una furgoneta había salido del local con el móvil de Diego dentro

Poco antes del mediodía, Diego condujo a Sant Andreu de la Barca. Y llamó a Luis por teléfono. En realidad, le hizo una perdida. Era la forma que tenía siempre de avisar a Luis de que estaba frente a la puerta de la nave y de que ya podía abrirla para dejarle entrar con el A4. Esa llamada perdida es el último rastro de vida de Diego.

La búsqueda

Había varios familiares, empezando por la madre de sus hijas, pendientes de aquella reunión de alto voltaje que Diego había aireado. Varias personas que durante las horas siguientes trataron de hablar con él para preguntar cómo había ido, y si había recuperado su dinero. Pero nadie pudo hablar con Diego.

Al día siguiente, de madrugada, algunos familiares de Diego entraron en la nave de Sant Andreu de la Barca y no vieron nada raro. Poco después, presentaron una denuncia por desaparición en la comisaría de los Mossos d'Esquadra de Sant Boi de Llobregat.

Un mensaje en EncroChat, un Whatsapp para narcotraficantes, desmontó la coartada de Luis

Cuando los investigadores interrogaron a Luis, su socio relató a los agentes que Diego había estado aquella mañana, que habían hablado de forma cordial y que después se había marchado a Gavà. La declaración de Luis solo tenía un problema: él era la última persona que lo había visto con vida. Y a pesar de los esfuerzos por encontrarlo de familiares y amigos, tanto de Gavà, de donde era originario, como de Sant Boi de Llobregat, donde residía, nadie volvió a saber nada de Diego. El caso pasó a la Unitat Central de Persones Desaparegudes, un grupo especializado en resolver crímenes sin cadáver.

Cada año en Catalunya se producen entre 3 y 5 asesinatos vinculados a la marihuana

Era un caso muy complicado, no solo porque no hubiera aparecido el cuerpo de Diego ni tampoco su Audi A4. Lo era sobre todo porque en la nave de Sant Andreu de la Barca, donde tuvo que ocurrir el homicidio de Diego, la policía científica no halló ni un solo vestigio que lo acreditara. Ni sangre, ni signos de lucha. Los investigadores sospechaban que Luis lo había matado ahí, pero desconocían cómo y qué había hecho después con el cadáver.

Caída de EncroChat

La abogada Beatriz González, que ha defendido a la familia de Diego, explica que una de las pistas que ha permitido demostrar que Luis mentía llegó de Francia. En el país vecino, una investigación policial logró desencriptar el sistema de mensajerías EncroChat, un Whatsapp para narcotraficantes de todo el mundo. Conscientes de que Luis tenía contactos con narcos relevantes, los Mossos buscaron si en la información compartida por las autoridades francesas, de conversaciones privadas de mercaderes de la droga, alguien había hablado de Luis. Y sí. En uno de los mensajes, un usuario comentaba que la tarde del 11 de mayo de 2020, cuando desapareció Diego, él había visto en la nave de Sant Andreu de la Barca su Audi A4 de color azul eléctrico. El coche, además, estaba semioculto por cajas. La coartada de Luis se deshacía: Diego no se había marchado a Gavà después de reunirse con él.

Durante los años posteriores, los Mossos reconstruyeron los movimientos de Luis gracias a la ubicación de su teléfono móvil y de las cámaras de seguridad presentes cerca de la nave de Sant Andreu de la Barca. Así comprobaron que una furgoneta de Luis, con el teléfono de Diego a bordo, salió de la nave una hora después de la llegada de la víctima al lugar. Según las conclusiones de los Mossos, quien conducía era Luis, o alguien a las órdenes de Luis, que condujo hasta Gavà para lanzar el teléfono de Diego por un polígono, una estrategia para dar verosimilitud a lo que relataría días después a los investigadores: que Diego se había marchado a Gavà en su coche tras reunirse con él.

La Audiencia de Barcelona ha condenado esta semana a 15 años de cárcel a Luis por el homicidio de Diego. La familia de Diego, seis años después, ha perdido la esperanza de que Luis confiese donde está su cuerpo para darle un entierro digno. Cada año en Catalunya se producen entre 3 y 5 asesinatos vinculados al boom cannábico. Como el crimen de Sant Andreu de la Barca.

Fuente: El Periódico