-- Usted es onubense, pero da la sensación de que también corre algo de Sevilla por sus venas.

-- Así lo siento. Sevilla, para mí, como torero, me lo ha dado todo. Desde novillero tuve tardes importantes, pero hubo una muy especial, aquella con la corrida de Santi Domecq, con 'Tabarro', que despertó en mí la ilusión y la necesidad de demostrar que soy capaz. Y, por supuesto, la del año pasado... ser el triunfador de la Feria de Sevilla es algo que nadie me puede quitar.

-- Cuando uno escucha eso, lo dice usted con naturalidad, pero entiendo no ha sido fácil llegar ahí...

-- Han sido diez años de mi vida, con momentos muy duros, percances, ostracismo... todo lo que abarca el toreo. Ser el máximo triunfador de Sevilla no lo logra cualquiera, y menos viniendo de tan abajo.

-- ¿Siente que ese triunfo le ha abierto las puertas que esperaba?

-- Incluso con la Puerta del Príncipe del año pasado no bastó del todo. Eso me ha obligado a sacar lo mejor de mí cada tarde, a no relajarme nunca.

-- ¿Cómo vivió usted desde dentro ese ambiente y esa responsabilidad del Domingo de Resurrección?

-- Es la fecha con la que soñamos todos los toreros. Todo lo que rodea a ese día lo hace distinto: la plaza, el ambiente, la responsabilidad... y también la presencia del Rey emérito. Además, compartir cartel con Morante y Roca Rey, y ver cómo la tarde iba tomando ese nivel, te exige dar un paso adelante. Sabes que Sevilla te está mirando de verdad y que no puedes dejar pasar la oportunidad.

-- Tras ese primer toro deslucido, llega el momento del sobrero sexto y decide irse al centro a jugarse la tarde desde el inicio. ¿Cómo nace esa decisión?

-- Era el cartucho que me quedaba. Le pregunté al maestro Enrique Ponce cómo veía el inicio y me planteó empezar con unas dobladas por abajo, pero a mí me nació otra cosa por dentro. Le dije: Maestro, me voy a ir al centro y voy a empezar por estatuarios. Él me respondió que si lo veía claro, para adelante. Sabía lo que me jugaba, que podía pasar de todo, y hubo una voltereta muy fuerte, pero tenía claro que era Sevilla, que había que tirar la moneda. Creo que Sevilla vio esa entrega y esa verdad, y por eso pude arrancar una oreja a un toro nada fácil.

-- Después de una tarde así, ¿qué queda en el cuerpo de un torero?

-- Queda la satisfacción de haberlo dado todo y el recuerdo de que esto no es fácil, de que cada tarde hay que jugarse mucho.

-- La temporada sigue y Sevilla vuelve a ponerle otra prueba en el camino, el Miércoles de Farolillos con El Parralejo.

-- Es una ganadería en un momento extraordinario. Viene de dar triunfos importantes aquí y yo le tengo mucha fe a esa tarde. Es el cartucho que me queda en la Feria y estoy muy centrado en ella.

-- Después de lo conseguido, ¿le queda la espina de no estar en San Miguel?

-- Me hubiese gustado, claro. Pero el toreo es así. La plaza está ahí y hay que seguir haciendo méritos para volver y ganarse ese sitio.

-- Hubo un momento en el que estuvo cerca de entrar en la empresa Pagés, de la mano de Ramón Valencia, y finalmente no se dio. Ahora su carrera toma un nuevo rumbo junto a Enrique Ponce. ¿Cómo explica aquel momento y qué le está aportando hoy esta nueva etapa?

-- Aquello no se dio. Fue un ofrecimiento de José Luis Pereda a Ramón Valencia, que nos pidió esperar para ver qué pasaba con Sevilla, pero finalmente no salió al no continuar al frente. Estoy muy agradecido tanto a José Luis Pereda como a Jorge Buendía por lo que han hecho por mí. Ahora, con el maestro Enrique Ponce, estoy en una etapa muy bonita, aprendiendo mucho de su experiencia y de su forma de entender el toreo. Me está ayudando a evolucionar sin perder mi personalidad y a mantener la ilusión en un momento clave de mi carrera.

-- Usted ha hecho de la verdad su seña de identidad.

-- Entiendo el toreo así. No hay dobleces. El traje de luces es transparente. Y eso es lo que llega a la gente.

Fuente:ABC TU DIARIO EN ESPAÑOL