El Cádiz no levanta cabeza. Los amarillos encaran la recta final de la temporada a cuatro puntos del descenso y con un bagaje de cuatro de los últimos 42 puntos posibles. Salvados continuamente por los malos resultados de los equipos de la zona roja de la clasificación, los gaditanos han cuajado una temporada para olvidar, donde la mala planificación deportiva añadida a la ruptura total entre el aficionado cadista y la dirección de la entidad es una realidad palpable.
Para empezar a explicar la situación que atraviesa, habría que remontarse al pasado verano. La entidad decidió darle los mandos de la dirección deportiva -- si no lo había hecho ya -- a Juan Cala. Con poca experiencia en un club que quiere regresar a la élite y coordinando la parcela más importante de un equipo de fútbol, el de Lebrija apostó, junto a las complicaciones económicas que ostenta el club en la actualidad, por un proyecto lleno de juventud.
Para desembocar en la actualidad, la primera temporada tras el descenso forma parte de la situación actual del club amarillo. Sobre todo, por la apuesta en futbolistas que habían descendido al equipo -- muchos de ellos habiendo finalizado el ciclo -- junto a un Paco López que no estuvo a la altura del objetivo de hacer regresar al equipo a la Primera División. Sin ser el principal culpable, en diciembre de 2024 fue destituido dejando al equipo en puestos de descenso. Gaizka Garitano, un daño colateral de la actual gestión deportiva, asumió los mandos de una plantilla que miraba a la tercera categoría de cerca.
A pesar de que el vasco solventó la papeleta -- e hizo soñar con su supuesto playoff -- terminó la temporada de una manera controvertida por los resultados irregulares pero habiendo cumplido el objetivo de mantener al equipo. El inicio de la situación actual, no obstante, comenzó desde verano.
La apuesta de un proyecto muy joven y de futbolistas sin experiencia en una categoría complicada, ha derivado en un final de temporada agónico y dramático. Aunque lo primero en la teoría es una nota positiva, la cuestión es la calidad de los fichajes, quienes no han demostrado que tienen el nivel suficiente para jugar en un equipo que sueña con volver a Primera.
Lo mejor y única pieza salvable fue la limpieza total en el periodo estival de un vestuario que necesitaba aire fresco. Aunque Garitano exprimió al máximo las virtudes de amarillos, el vasco cometió errores a la par que no se le solucionó muchos problemas que gritaba de manera constante en rueda de prensa.
Chico Segundo, exfutbolista de la entidad desde la 93-94 hasta la 98-99 y entrenador, en unas declaraciones a Diario AS, considera que el vasco sacó a relucir un nivel que ahora ni existe. "No sé si Gaizka Garitano exprimió el limón todo lo que podía o es que falta confianza. Ni son tan buenos como parecían ni son tan malos como ahora".
Llegados al mercado invernal en puestos de playoff, el no apostar por la veteranía de jugadores contrastados hizo que el vasco no salvase el puesto y que la plantilla quedase más que debilitada. Sobre todo por la lesión de gravedad de Iuri Tabatadze, máximo goleador -- todavía -- de los amarillos y la llegada de jugadores que no iban a ofrecer rendimiento inmediato.
Estando lejos de la zona de abajo, las riendas de la dirección deportiva fueron tomadas de nuevo y de forma oficiosa por el presidente Manuel Vizcaíno. Sergio González, el elegido por el máximo mandatario para revertir la papeleta, volvió a la que considera su casa y con la afición esperanzada en un final de campaña tranquilo. Sin embargo, cinco derrotas en seis partidos, y un bagaje de 3 puntos de 18, dejan al técnico tocado sin soluciones a la par que sin un estilo ni un once reconocible.
"No he visto nada parecido a esta. En una temporada donde el equipo tenía 34 puntos y tenga 38 en la segunda vuelta es curioso", afirma Chico al ser preguntado por la dramática situación de los gaditanos. A ello, se le suma la falta de experiencia, una de las claves de la dinámica actual. "Viendo que hay jugadores que no tienen experiencia en Segunda, las medias pesan ahora medio kilo más. Habría que hacer un balance de la plantilla y ver dónde están los problemas".
En busca de soluciones, el exjugador de la entidad aboga por estar centrados en los siete partidos que quedan. "Hay que sumar ocho o nueve puntos. Luego, ver cómo el equipo reconoce donde está y crecer hasta ahí. Ante el Andorra compitió, pero no le da. Sin embargo, es la manera para salir de ahí".
Otro de los exfutbolistas más reconocidos de la entidad gaditana es Carmelo Navarro, el Beckenbauer de la Bahía. Pasando por el club desde la temporada 87-88 hasta la 93-94, conoce de sobra lo que es la idiosincrasia del club y ha aportado su visión de la actualidad cadista a Diario AS.
"El Cádiz está fatal. No se ve una posible reacción y a nivel futbolístico el equipo está roto", comienza Carmelo. En busca de preguntas para buscar un motivo de la situación actual, considera que es un "cúmulo de factores". Uno de estos es la juventud. "La apuesta por la juventud ha sido fallida. Junto al Sanse, es el peor equipo de la segunda vuelta".
Mirando futuribles soluciones, la leyenda cadista considera que hay que "mirar hacia delante". "Hay que pensar que dependemos de nosotros mismos. Esa es la lotería que tenemos". Además, para mantener la categoría, Carmelo aboga por esos dos resultados favorables de aquí a final de temporada. "A ver si nos podemos quedar en Segunda y comenzar un proyecto de cero. Está complicado. Es lo más duro de ver para todos los cadistas", finaliza.
En resumidas cuentas, el análisis de la situación se resume en una entidad que, con todo lo expresado anteriormente, ha estado más pendiente de crecer empresarialmente antes que mejorar en el verde, que es en lo que, como mandan los cánones, debe basar su gestión un club de fútbol.
Al mejunje de una mala planificación deportiva, jugadores con un rendimiento bajo a la par que la falta de nivel de futbolistas franquicia como Suso u Ontiveros, una situación económica complicada tras cuatro temporadas en la máxima categoría del fútbol español; y la mirada puesta en asuntos de empresa, se le une una afición cansada y agotada tras tres años de constante bajo rendimiento de los suyos y que se moviliza en masa en busca de un cambio en las altas esferas.
Fuente: as