Nació en Madrid en 1982. Desempeña desde 2007 en AS las funciones de redactor primero en la sección de Fútbol y poco después en la del Real Madrid. En ella ha cubierto, entre otros torneos, tres finales de la Champions League. También forma parte del programa 'Tres de Descuento' en el Twitch de AS y presenta el espacio 'Fútbol Sapiens' en AStv.
Son cosas que sólo ocurren en Vallecas. Que llegue una afición rival, los macedonios del Shkëndija en el debut en la fase liga de esta Conference, griten "¡Puto Rayo!" como provocación... y desde ese mismo momento la propia hinchada rayista adopte el insulto como orgulloso cántico de guerra. No ha pasado un partido europeo más en el que no se haya cantado y bailado el "¡Puto Rayo, eh, eh!". Hasta bufandas con el exabrupto hay. Y sonó antes, durante y después del 3-0 al AEK.
Y ahora, el barrio se va a la cuna de la civilización. A Atenas, acariciando las semis, pero sin morir de presentismo. Pese al empacho de goles, se coreó el nombre de Óscar Trejo, que venía de dos partidos sin ser convocado. "¡Trejo capitán!". El brazalete es un trozo de tela; la capitanía, una actitud. Como lo es el propio Rayo. Son los que fueron (Felines, Potele...), los que abrieron Europa (Cota, Míchel...), las que lo llevaron a la Champions (Natalia, Alicia...), los que están ahora (de Íñigo Pérez al utillero) y quienes estarán en el futuro con el mismo compromiso.
El Rayo es creer que otra manera de entender el fútbol y la vida es posible. En Segunda B y en Europa. Como canta Duro Galván en su canción para el centenario rayista, "un dulce pesar que me lleva al infierno". Y ojalá, el 27 de mayo, al cielo en Leipzig. El Rayo no se puede contar. Se vive, y punto.
Fuente: as